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A los que callan
Olí mi humedad. Oí un crujido seco cortando mi costilla. Caí sobre la cara: la calle vomitó orín, plomo y oscuridad. Un chico se cubría un agujero de bala: «Esto no es nada…» decía, «Esto no es nada.» ¡Ja! ¡Esto no es nada! Mi boca se secó. Bebí serpientes, horas, colmillos, y gritos. Bebí las largas sombras, los gestos, los estremecimientos. Grité sobre los cuerpos convulsos, sobre sus ojos abiertos, estúpidos y tiernos. De los cristales de sangre regresé… ¿Quién me trajo? N
23 nov 20251 Min. de lectura


Acacia
¡Ah, tierna acacia! ¡Ay, doliente rama! Tiemblas al viento como oros del mar y en cada hoja consigues albergar toda la vida que en tu...
21 sept 20251 Min. de lectura


















