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Mi compadre, el canario


y... ¿por qué ? Cuando nos dan la bienvenida, agradecemos de diversas formas la cortesía de ser recibidos. En los diccionarios, uno de los formalismos es responder con un “Bienhallados”. Con esa palabra dejamos constancia de la alegría de nuestro encuentro con el otro, de las propuestas que como migrantes aportamos en la construcción del porvenir de un futuro común en la tierra de acogida

Hugo J. Boscán/Especial BienHallados

José Antonio llegó a Venezuela muy joven, procedente de San José de la Rambla, buscando un futuro mejor al que le ofrecían las Islas Canarias.

Como todos los canarios o isleños que llegaban al lejano país latinoamericano, José Antonio comenzó como agricultor, aunque posteriormente hizo de todo, últimamente conductor de una gandola con la que trasladaba cabillas u otros materiales ferrosos desde Barquisimeto hacia otras ciudades. Se enamoró de la tierra venezolana, pero también se enamoró de "la guara" Amalia con quien se casó y tuvo dos hijas. Mi compadre José Antonio no olvidó nunca a su Canaria, su San José de la Rambla, y aseguraba regresar algún día y lo hizo luego de 56 años de venezolanismo.

“Yo volveré algún día, aunque sea para morir allá, en mi isla”, me dijo varias veces. Y regresó a su isla, aunque no pudo disfrutarla mucho tiempo, pues en 2004, el mal que comenzó en su también querida Venezuela le despidió de este mundo. Pero en Barquisimeto y en las carreteras venezolanas, que por años recorrió conduciendo vehículos de carga, lo recuerdan como el amigo solidario que fue.

Mi compadre, José Antonio descansa en paz en la tierra de la que estuvo ausente durante años, como han estado o están muchos canarios que llegaron a Venezuela y se hicieron venezolanos y, aunque algunos como el compadre José Antonio regresaron a sus islas, muchos han regresado a la que consideran su segunda patria.

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