Que sí, que contar hasta diez sí da resultados positivos

Adriana Agudo Vicci.
Especial de grupocieg.org
¿Cuántas veces has vivido esa experiencia en que solo una palabra ha encendido una discusión?
Alguien hace un comentario, recibes un mensaje que te molesta o sucede algo que consideras injusto y, antes de pensarlo demasiado, respondes. Y lo haces porque resulta satisfactorio actuar de inmediato y tu sentido de justicia lo reclama.
Solo que, luego, ¿cuántas veces repasas una y otra vez la escena (o escenas) con el ánimo de cambiar ciertas reacciones para exacerbar o para mitigar las consecuencias? Consecuencias que ya sabes que son inalterables.

Ese estado en que tu mente atrapada, revive constantemente lo ocurrido porque algo te dice que pudiste actuar con más efectividad, contundencia y precisión; o porque tienes dudas de que “quizá no debería haber dicho eso”, si eres suficientemente sincero contigo mismo, puedes evitarlo.
En estos momentos, contar hasta diez puede ser mucho más útil de lo que parece.
Hacerlo, supone unos segundos de distancia entre lo que sientes y lo que haces o dices a continuación.
Veamos:
Cuando una emoción es intensa, la primera reacción suele ser automática: contestar, discutir, atacar o defendernos.
Parar y contar lentamente hasta diez permite algo importante: observar lo que está pasando antes de actuar.
Contar hasta diez te permite replantear qué ocurrió y qué estás a punto de hacer o de decir.
Contar lentamente hasta diez introduce una pequeña distancia entre lo que sientes y lo que haces.
Esa pausa o distancia resulta verdaderamente efectiva porque la usas para preguntarte: “¿qué estoy sintiendo?”, “¿qué ocurrió realmente?”, y “¿hay otra manera de interpretar lo que acaba de pasar?”.
El objetivo no es desaparecer la frase que te alteró, la situación que no aceptas, el comportamiento del otro con el que disientes o el enfado. Aunque con respecto a este último, puede que esos segundos ayuden a que así sea.
El objetivo es ganar unos segundos para calmarte y decidir qué hacer con esa emoción: rabia, celos, enfado, miedo. Y respirar. No olvides inspirar y exhalar conscientemente en esos pocos segundos.
No siempre se elige lo que se siente, depende de muchos factores. Pero sí puedes lograr que la emoción no sea quien decida por ti.
Puede que el problema siga ahí. Pero probablemente ya no tengas que enfrentarte a él exactamente de la misma manera y ganes paz sin desperdiciar energía.
Ten presente lo que hemos comentado tantas veces: al final, como todo, se trata de entrenamiento.
Hazlo una vez. Repítelo cuando tengas una oportunidad similar y verás los cambios que se producen en ti. Más adelante, de tanto repetir, tu reacción de contar hasta 10 y respirar conscientemente llegará de forma espontánea.
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Fotos: Liza Summer




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