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Migrar… y comparar

hace 11 minutos
2 min de lectura


Adriana Agudo Vicci.

Especial de grupocieg.org



Hay un momento, casi sin darte cuenta, en el que ocurre algo curioso cuando emigras: dejas de comparar.

 

Solo que, al principio —y ese “principio” es de unos cuantos meses—, las comparaciones son inevitables: "en mi país el café sabía mejor", "allí la gente saludaba, aunque no te conociera", "aquí todo es más caro", “prefiero aquel clima”.

 

Es un proceso totalmente natural, saltaste de lo conocido a lo desconocido y tu mente trata de orientarse cuando todo es nuevo, de tomar referencias, de establecerse. Y algo muy singular es que el respeto y afecto por la tierra que dejaste, hace que tus comparaciones sean en negativo. En ese “principio” que mencionamos, es difícil que surjan comparaciones en positivo como: “Los trámites aquí son más rápidos que allá” o “qué cómodo es el transporte público aquí”.

 




Pero llega un día cualquiera en el que pides el pan sin pensar cómo se llama, sabes qué autobús tomar, descubres un parque que te gusta o recomiendas un restaurante a un amigo; e inclusive, preparas recetas de este nuevo país.

 

Hasta que dejas de medir con la vara de tu país

 

Y, sin darte cuenta, has dejado de medir cada experiencia con la vara del lugar del que viniste.

 

Esto, por supuesto, no significa que hayas olvidado tus raíces. Tampoco que el país donde naciste haya perdido importancia. Significa algo mucho más sencillo: has empezado a vivir el presente.

 

Es una señal de que estás invirtiendo tu energía en aprender, en rehacer, en construir un espacio cómodo donde continuar con tu vida, en donde derramar toda tu experiencia y donde crear un nuevo hogar.

 

Adaptarte no es elegir entre dos mundos. Lo que haces es mejor, mucho mejor. Creas uno. Uno adecuado a ti. En él conviven las recetas de la infancia con los productos del supermercado de tu actual vecindario, las palabras de dos acentos diferentes y las costumbres que uno decide conservar junto a las que adopta por comodidad y utilidad.

 

Ese tercer mundo no aparece de un día para otro. Se construye con cientos de pequeños detalles que parecen insignificantes, pero que acaban formando un hogar. Repasa estos detalles cuando veas atrás y te sorprenderás.

 

Porque también te sorprenderá que las buenas noticias no son solo obtener ese documento, un trabajo o una vivienda. También lo es cuando descubres que has pasado toda una semana sin pensar si las cosas eran mejores o peores "allá".

 

Simplemente son distintas.

 

Y tú también.

 

¿Crees que has dejado de comparar? ¿Cuándo lo notaste?






El contenido de los artículos de BienEstar allá donde vayas, son meramente orientativos. Siempre recomendaremos el asesoramiento directo y personal con un profesional en el área.




Fotos: Fernanda Latronico / wavebreakmedia_micro

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