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Alejandra Herrera Misle: Construir un instrumento musical te llena de alegría

Angela Ameruoso. Italia. Especial para BienHallados

Fotografías: cortesía de Alejandra Misle

 

Nunca me imaginé que mi oficio de Luthier iba a ser tan bien valorado en Málaga, España, y que, con tan solo seis años de residencia en esa región, lograría tener un taller propio donde continuar aportando mis conocimientos para la elaboración de instrumentos, adquiridos en mi natal Colonia Tovar (Venezuela).

 

La Colonia Tovar es una población fundada por una comunidad alemana que se estableció en el siglo XVIII en una zona montañosa cercana a Caracas. Allí nací y aprendí el oficio de luthier, en el núcleo del Sistema Nacional de Orquestas de Venezuela, pero mientras me formaba, Venezuela cambiaba, y se produjo la primera inmigración de mi familia a España.

 

Mi hermana, esposo, sus hijos y mi hijo, buscaron otro destino. La situación económica de Venezuela se deterioraba y ya nadie arreglaba instrumentos musicales, porque el Sistema entró en crisis. “MI hijo estaba tan lejos y tomé la decisión de venir a España y reencontrarme con el resto de la familia, que se me había adelantado”.

 

En el 2018 llegué a Málaga, y comenzó mi proceso para insertarme en esa comunidad.

 

Como todo inmigrante, me informé sobre la documentación requerida para legalizar mi estadía. Comencé a laborar en los primeros trabajos que pude, como el de un Hostal de Málaga. Pero la luthería nunca fue abandonada en una maleta.

 

Con mis primeros euros en el bolsillo, empecé a adquirir instrumentos de trabajo, porque los míos se habían quedado en la Colonia Tovar.

 

Mi primer plan para darme a conocer en el mundo de la luthería de Málaga fue hacer un curso en el taller de Chico Chacón, Maestro en el oficio, muy conocido en el sector. Él se percató de lo bien formados que estamos los lutheros del Sistema Nacional de Orquestas de Venezuela y fue en su estudio donde elaboré mi primer violín en España. 

 

El segundo instrumento lo construí en el lugar donde vivía. Pero el gran salto fue cuando la Universidad de Málaga me contrató por un año para realizar un trabajo de investigación como especialista en luthería.

 

Esa experiencia fue gratificante para mí y me inyectó energía para empeñarme en cumplir todos los pasos legales y para abrir un taller de luthería independiente. Logré cumplir con todos los permisos, impuestos, entre otras exigencias legales, y alcancé uno de los objetivos tan deseados por mi cuando llegué hace seis años a España.

 

La alegría volvió a mis ojos.  Cada ser humano cuando emigra tiene que tener un objetivo fijo en su corazón. Al principio será difícil, pero quien está bien formado en su especialidad, tarde o temprano, logra insertarse con éxito en la comunidad que escogió para vivir.



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