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La política coherente al servicio del pueblo

  • Foto del escritor: Jaime Santana
    Jaime Santana
  • hace 5 días
  • 3 Min. de lectura
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Alberto Trujillo Vasallo.

 


“La grandeza de un ciudadano no está sólo en hacer bien sus cosas, sino en hacer bien las cosas de todos”. Esta frase podría resumir una idea que ya resonaba en la antigüedad griega: por ejemplo, Aristóteles decía que “el hombre es por naturaleza un animal político”. En otras palabras: quien participa en la vida de la polis, lo hace no por interés puramente individual, sino porque su visión es más amplia, social.

 

En una sociedad que ampara el individualismo, ejercer la política con coherencia adquiere una trascendencia aún mayor. Porque cuando la opción política se limita al yo o al mi grupo, se pierde de vista que el verdadero sentido de la política es el bien común. Ser político, entonces, implica una visión más amplia, social, orientada al pueblo, al conjunto de la comunidad.

 

En la actualidad es muy necesario reivindicar la figura del responsable público como alguien que gestiona lo común, haciendo honor al verdadero significado de lo que es la política. No se trata de mirar por intereses partidistas ni por rivalidades electorales, sino por las preocupaciones reales de la gente, las que les acatan día a día.

 


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En este contexto, destaca como acierto concreto la medida de la gratuidad del transporte público. Con la aprobación de la Ley de Movilidad Sostenible, se garantiza que el transporte público terrestre en las Islas Canarias quede con un descuento del 100 % en los abonos y títulos multi-viaje, es decir, gratuito.

 

Cuando el transporte público es gratuito, la política demuestra que puede ir más allá de la gestión técnica: se convierte en instrumento de justicia social, de equidad, de servicio al bien común. En efecto, la coherencia política se manifiesta cuando las decisiones tomadas no sólo benefician a unos pocos, sino que amplían oportunidades para todos.

 

Esta medida, ha permitido que los ciudadanos y las ciudadanas de Canarias, puedan desplazarse a lugares que hasta ahora eran limitados. En muchos casos no podía aceptar trabajo en municipios lejanos al suyo propio, por no disponer de vehículo privado. Este es un ejemplo claro y real de que existen políticas que acercan la gestión pública a la ciudadanía, y de que poner el foco en los problemas comunes, consiguen conectar a la población con sus gobernantes.

 

Además, entre las mejoras que vemos en la población canaria con el bono gratuito, es el desarrollo cultural, al facilitar el desplazamiento para asistir a centros culturales, formación y ocio mejora el bienestar general de la población.

 

Menos gasto en transporte significa mayor capacidad de ahorro o destinar recursos a otras necesidades; y sobre todo, promueve la movilidad sostenible, ya que al hacer el transporte público más accesible se incentiva su uso frente al vehículo privado, contribuyendo a la reducción de emisiones y al alivio del tráfico urbano.

 

La gratuidad del transporte público, por tanto, no es únicamente una medida económica o administrativa: es una declaración de principios. Es decirle a la ciudadanía que nadie debe quedarse atrás por motivos económicos, que el acceso a la ciudad es un derecho y no un privilegio, y que las políticas públicas deben construir puentes, no muros. Cuando una ciudad garantiza que moverse es un acto libre, gratuito y accesible, envía un mensaje poderoso: la comunidad importa, y el bienestar de todos es una prioridad real.




Fotos: Ina Carolino / Dorota Semla

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