La migración no cambió mi camino, le dio una forma más clara, urgente y comprometida
- Jaime Santana
- hace 23 horas
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Martha Alejandra Cobos
Buenos Aires
“La idea de crear la Fundación para la Integración Cultural de Migrantes y Refugiados (FICU), fue constituida formalmente el 18 de noviembre de 2021, en la ciudad de Buenos Aires. Y nació de una experiencia vital: la migración”.
Lia Valeri, presidenta de FICU, explica cómo surgió el grupo: “Al llegar a Buenos Aires, en 2006, entendí que además de resolver lo urgente, muchas personas migrantes y refugiadas necesitábamos algo más profundo: espacios donde reconstruir sentido, pertenencia y comunidad”.
Ella es venezolana, diseñadora industrial de formación. Trabajó durante años como diseñadora de interiores y diseñadora de muebles técnicos y como profesora titular universitaria en las facultades de Diseño Industrial, Diseño Gráfico y Diseño de Obras Civiles.

“FICU surgió no como un proyecto asistencial, sino como una plataforma cultural. El arte, la palabra y la creación colectiva aparecieron desde el inicio como refugio y como puente, tanto para quienes migramos como para la comunidad que nos recibe. La cultura fue —y sigue siendo— el territorio común donde es posible encontrarnos sin borrar las diferencias”, dice.
En paralelo, y ante la necesidad de hacer algo por Venezuela, comenzaron a trabajar en gestión cultural para enviar recursos a su país de origen. ”Luego me integré a organizaciones de la sociedad civil, donde trabajé en asistencia social directa con personas en situación de alta vulnerabilidad, en pleno contexto del éxodo migratorio masivo. La migración no cambió mi camino, pero sí le dio una forma más clara, urgente y comprometida”, dice.
Explica que su creación fue una decisión consciente, tomada luego de cerrar ciclos en otras organizaciones de la sociedad civil en las que había trabajado previamente. Ese proceso le permitió identificar con claridad la necesidad de un espacio propio, con una mirada ética y cultural definida, desde donde abordar la integración migrante sin fragmentar lo humano.

“FICU nació cuando entendí que no se trataba de seguir sosteniendo estructuras ajenas, sino de crear una casa común donde el arte, la memoria y la comunidad pudieran convivir con coherencia”, dice Lía.
La fundación ha acompañado a más de un centenar de artistas, talleristas, gestores culturales y facilitadores, provenientes de distintas nacionalidades y disciplinas, explica y agrega que las actividades incluyen talleres artísticos y formativos, exposiciones, intervenciones en espacio público, encuentros literarios, conversatorios y proyectos culturales de integración. Allí los artistas no solo crean: enseñan, acompañan y generan redes. El arte se convierte en un lenguaje compartido para narrarnos, reconocernos y habitar juntos el territorio.
FICU tiene base en la ciudad de Buenos Aires, pero su trabajo no se limita a ese territorio. Ha desarrollado actividades y proyectos culturales en distintas ciudades del país, como Rosario, Córdoba y La Plata, ampliando su alcance a nivel federal.Está integrada por más de 46 organizaciones y 7 miembros honorarios. “Esta pertenencia permite articular acciones culturales, comunitarias y de incidencia desde una mirada colaborativa y descentralizada”, agrega.
Entre sus actividades destacan el desarrollo de proyectos propios; brindar asesoría y acompañamiento a otras organizaciones, colectivos y espacios culturales que trabajan con migrantes, refugiados y comunidades locales, compartiendo metodologías, aprendizajes y enfoques vinculados a la cultura como herramienta de integración.
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