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La justicia social comienza en lo cotidiano

  • hace 4 horas
  • 2 Min. de lectura


El Día Internacional de la Mujer debería constituir un llamado a mirar de frente la realidad cotidiana de millones de mujeres que, lejos de los discursos oficiales y estadísticas, sostienen el mundo con su trabajo invisible y su resiliencia silenciosa. Entre ellas, las mujeres migrantes, trabajadoras y ciudadanas encarnan una triple jornada que rara vez ocupa titulares, pero que define el pulso de nuestras sociedades.

 

Ser migrante implica reconstruirse todos los días. Es aprender nuevos acentos sin olvidar la propia voz, adaptarse a otras costumbres sin renunciar a la identidad, y resistir la nostalgia mientras se construye futuro. La migración femenina es una fuerza económica, cultural y social que transforma comunidades enteras, aunque a veces está atravesada por la precariedad laboral, la discriminación y la soledad. Detrás de cada empleo doméstico, de cada turno nocturno en hospitales, de cada emprendimiento informal, hay una historia de valentía que desafía fronteras físicas y simbólicas.

 

A pesar de las brechas y desigualdades, siguen siendo motor productivo, sostén de hogares y generadoras de riqueza tanto en los países de origen como en los de destino. Su aporte no solo se mide en remesas o en horas trabajadas, sino en el tejido social que ayudan a fortalecer con su presencia activa y comprometida.

 

Además, ejercen la ciudadanía más allá de los documentos. Participan en asociaciones vecinales, impulsan redes de apoyo comunitario, defienden derechos y promueven cambios. Reclaman acceso a la salud, a la educación y a la justicia con la convicción de que la dignidad no tiene nacionalidad. En cada acción cotidiana afirman su lugar en la sociedad.

 

El 8 de marzo debería ser una oportunidad para reconocer que la igualdad pasa por políticas públicas con perspectiva de género y migración, por sistemas laborales justos y por comunidades libres de xenofobia y violencia. Reconocer el quehacer diario de las mujeres es reconocer que la justicia social comienza en lo cotidiano.

 

Hoy más que nunca, es imprescindible mirar a la mujer migrante desde su capacidad de transformación. Porque en cada jornada que inicia antes del amanecer y termina entrada la noche, en cada sacrificio silencioso y en cada logro conquistado, late una verdad incuestionable: las mujeres no solo sostienen el mundo, lo reinventan cada día.



Marlenis Castellanos

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