El cuadro que voló hasta el Papa
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Olesya Lylak.
Las Palmas de Gran Canaria.
El 1 de junio, Día de Conmemoración de los Niños fallecidos a causa de la agresión rusa contra Ucrania, durante uno de mis viajes humanitarios a Ucrania, recibí un dibujo tan especial: me fue entregado por Violeta Oleksandrivna Lobaziuk con la esperanza de que, si surgía la oportunidad, pudiera hacerlo llegar al Santo Padre en nombre de los niños de Ucrania.
Este emotivo cuadro, titulado La Paloma de la Paz, fue creado por Verónika Ivantsova, una niña de 9 años de Jmelnitski (Ucrania).

“Elegí dibujar a una niña sosteniendo una paloma porque la paloma es un símbolo de paz. Quería representar el momento en que llegue la paz a Ucrania y termine la guerra”, explicó la pequeña autora de la obra. El dibujo de Verónika fue seleccionado para formar parte de la emisión benéfica de sellos postales de Ukrposhta Los Niños de la Victoria dibujan el futuro de Ucrania.
Entre miles de dibujos infantiles, su visión de la paz fue elegida para convertirse en un sello postal ucraniano.
De Jmelnitski a las manos del Papa
El cuadro, pasó por varias fronteras donde tuve que explicar que no era una obra de arte. “Tal vez algún día valdrá millones”, dijo el último funcionario de migración a quien le expliqué que su autora era una niña. En los aviones entró como equipaje de mano y apenas cabía en los compartimentos.
El 11 de junio se convirtió en un día histórico para Gran Canaria con la visita de Su Santidad. Ese día tuve la oportunidad de colaborar como voluntaria e intérprete para los medios de comunicación nacionales e internacionales que cubrían la visita papal.
Así surgió la posibilidad de cumplir esta importante misión: entregar personalmente al Papa el dibujo de una niña ucraniana. A las 6 de la mañana, la pintura viajaba conmigo hacia Arguineguín (Gran Canaria). Más controles y caminatas con el cuadro grande y pesado en mis brazos. Finalmente, y pasado el mediodía, el Papa recibió el cuadro y bendijo a Ucrania.
Desde el sueño de una niña en Jmelnitski hasta un sello postal de Ucrania y, posteriormente, hasta las manos del Papa.
Para mí no fue simplemente entregar un cuadro. Fue llevar ante el Santo Padre la voz de los niños ucranianos, niños que, a pesar de la guerra, siguen soñando con la paz, la bondad y un futuro sin sirenas ni explosiones.
El sueño de paz de una niña ucraniana de nueve años llegó a las manos de una persona cuya voz es escuchada por millones de personas en todo el mundo.
Que este mensaje infantil de paz sea escuchado.
