La Bio de la Danza

Marlenis Castellanos.
Las Palmas de Gran Canaria.
Helena Lorenzo, maestra de Biodanza, acaba de recibir su libro recién salido de imprenta. Ella nos comparte su historia y nos cuenta cómo fue el proceso creativo de La Bio de la Danza: “Este libro nace de una contradicción, de una pregunta que llevaba tiempo rondándome la cabeza y, sobre todo, de una experiencia personal. Soy bióloga, pero también soy una mujer que ha “danzado” desde niña. La danza ha estado presente en todas las etapas de mi vida, hasta que un día llegó la Biodanza y algo comenzó a transformarse profundamente en mí”.
Y entonces apareció el conflicto entre la científica y la mujer que danza.
“Como bióloga sabía que nuestra secuencia de ADN permanece relativamente estable a lo largo de la vida. Sin embargo, como biodanzante, experimentaba cambios importantes en mi manera de sentir, de relacionarme, de percibir el mundo y de vivir”.
Helena, nacida en Tazacorte (Isla de La Palma), desde hace 20 años se dedica a la biodanza.
“¿Qué estaba cambiando realmente en mí? Empecé a preguntarme qué tenían en común dos palabras que siempre me habían fascinado: biología y biografía. Un habla de nuestra condición de seres vivos; la otra, de la historia que vamos escribiendo mientras vivimos. Y pensé: ¿hasta qué punto nuestra biografía puede transformar nuestra biología?”
Así comenzó una aventura de curiosidad, investigación y descubrimientos que terminó convirtiéndose en La Bio de la Danza.
¿Qué encontramos en sus páginas?
El libro propone un viaje por la historia de la vida y de la humanidad, siguiendo tres hilos que se entrelazan continuamente: el movimiento, la música y la danza.
Helena explica que antes de que existiera la danza, existía el movimiento. Y mucho antes de que apareciera el ser humano, la vida ya se movía. Desde ahí recorremos la evolución humana, las transformaciones de la música, las distintas expresiones de la danza y las biografías de personas que contribuyeron a comprenderlas.
Agrega que después entramos en el fascinante universo de nuestras células, del ADN, del cerebro y del sistema nervioso. Descubrimos que, aunque nuestra información genética sea relativamente estable, la expresión de nuestros genes puede regularse en respuesta a múltiples factores ambientales y que nuestro cerebro posee una extraordinaria capacidad de adaptación y aprendizaje.
Y aquí aparece una idea que le entusiasma: la danza también forma parte de nuestro ambiente. La música, el movimiento, las emociones, el abrazo y el encuentro con otras personas son experiencias que nuestro organismo percibe y a las que responde.
El libro dedica también un espacio importante a la Biodanza, sus mecanismos de acción y los potenciales humanos que busca estimular.
¿Qué quiero transmitir?
“Me gustaría que quien lea este libro pueda mirar su cuerpo de otra manera. Que comprenda que no somos únicamente el resultado de nuestros genes, ni tampoco solamente de nuestra historia personal. Somos el encuentro permanente entre nuestra biología, nuestra biografía y el ambiente en el que vivimos”.
Dice que danzar no es simplemente mover el cuerpo siguiendo una música: “Es percibir, emocionarse, aprender, relacionarse, expresarse y abrir posibilidades de transformación. Como bióloga he buscado explicaciones. Como pedagoga he querido compartirlas. Y como biodanzante he intentado poner palabras a algo que, muchas veces, solo puede comprenderse cuando se vive”.
En el fondo, este libro es también una invitación a recuperar la curiosidad, a maravillarnos con la vida y a reconocernos como parte de ella. Dos preguntas atraviesan toda la obra: ¿Es la evolución una danza? ¿O es la danza evolución?
“Quizá no tengamos que elegir una sola respuesta. Porque, al fin y al cabo, movimiento es vida”.
Instagram: @biodanzahelena



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