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Fe, memoria y hermandad en la Virgen de Coromoto

hace 11 horas
2 min de lectura




Alberto Alain Acosta Espinoza.

Las Palmas de Gran Canaria.

 

 

El pasado 11 de septiembre, las naves góticas y la fachada neoclásica de la Catedral de Santa Ana en Las Palmas de Gran Canaria, volvieron a erigirse como el puente espiritual que une a dos tierras hermanas: Canarias y Venezuela. Con motivo de la festividad de Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, la feligresía se congregó en una emotiva eucaristía para rendir homenaje a la advocación mariana que acoge las oraciones y vivencias de miles de canarios y venezolanos.

 


Monseñor Mazuelos: Un refugio para el alma migrante

 

Uno de los momentos más conmovedores de la ceremonia fue la homilía pronunciada por el Obispo de la Diócesis de Canarias, Monseñor José Mazuelos Pérez. Sus palabras penetraron con fuerza en el corazón de los presentes, logrando que la Catedral de Santa Ana se transformara, más que nunca, en la casa viva de la Virgen de Coromoto y en el hogar de cada venezolano en la isla.

 


Monseñor Mazuelos recordó con enorme sensibilidad la profundidad de nuestros vínculos históricos y familiares, haciendo sentir a todos los fieles como en su propia tierra a pesar de los miles de kilómetros de distancia. En su mensaje, honró con especial calidez la valentía del migrante y ese sentimiento indeleble de tener "el corazón dividido en dos".

 

También tuvo palabras de homenaje para nuestras madres, familiares y seres queridos de los que hemos tenido que separarnos por diversas razones, subrayando que, a través de la oración, el amor a Cristo y la devoción a la Virgen de Coromoto, jamás estamos solos: ese lazo es real, fuerte y trascendente. Su mensaje fue una verdadera fuente de inspiración y consuelo en medio de las complejas circunstancias que atraviesa el mundo actual.

 


El gesto de la ofrenda: La bandera canaria como símbolo de unión

 

En la liturgia del offertium, una parte del equipo de la revista BienHallados tuvo el honor de acudir ante Monseñor José Mazuelos Pérez para hacerle entrega de diversos obsequios significativos de nuestra labor cultural y de hermandad.

 

Entre los presentes entregados, destacó la Bandera de Canarias, un gesto de hondo calado emotivo:

 

Presentar nuestra enseña tricolor ante la patrona venezolana y las autoridades eclesiásticas no fue un simple acto ceremonial, sino un abrazo sincero entre patrias. La bandera representó el agradecimiento de quienes hemos encontrado en Canarias y Venezuela hogares espejo, así como la reafirmación del vínculo histórico que nos hermana y nos hace una sola gran familia.

 


El valor de construir desde el amor y la gratitud

 

Este tributo reafirma los valores que promovemos desde BienHallados: la certeza de que la migración es un acto de valentía y un motor positivo. Cuando dos pueblos se unen impulsados por el amor, la solidaridad y los principios, los movimientos migratorios se convierten en riqueza, refuerzo y nuevas posibilidades de futuro.  El Obispo nos recordó que “ser migrante implica llevar en el alma el agradecimiento diario y seguir dando lo mejor de nosotros por la paz en la tierra que nos acoge y en el mundo entero”.




Fotos: Alain Alberto Alvares

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