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Cuando la solidaridad no conoce fronteras

  • hace 14 minutos
  • 2 min de lectura


Hay momentos en los que la distancia deja de importar. Cuando la tierra tiembla y una comunidad sufre, todos recordamos que, por encima de nuestras nacionalidades, idiomas y culturas, existe algo que nos une: nuestra humanidad.

 

En los últimos meses, Venezuela y Colombia han vivido fuertes movimientos sísmicos. El 24 de junio, Venezuela sufrió una potente secuencia de terremotos que afectó a municipios donde residían más de 700.000 personas; el 10 de agosto, un sismo de magnitud 7,4 sacudió el occidente de Colombia y fue percibido también en Ecuador, Japón y Perú.

 

Un ejemplo de esa solidaridad internacional llegó precisamente desde Japón: la cooperación japonesa envió ayuda humanitaria, equipos médicos e insumos para atender a las personas afectadas por los terremotos en Venezuela.

 

Pero detrás de las cifras y de las imágenes de destrucción hay historias humanas: familias que buscan a sus seres queridos, personas que han perdido sus hogares y comunidades enteras que necesitan ayuda para comenzar de nuevo.

 

Es precisamente ahí donde nuestras comunidades inmigrantes adquieren un significado especial.

 

Quienes hemos emigrado sabemos lo que significa estar lejos de casa. Sabemos lo que se siente al esperar una llamada desde nuestro país, buscar noticias de familiares y amigos y vivir con el corazón dividido entre la tierra que dejamos y el lugar que hoy nos acoge.

 

Por eso, la solidaridad de los inmigrantes tiene un valor especial. Asociaciones, colectivos, voluntarios, empresarios y ciudadanos de a pie pueden convertirse en verdaderos puentes entre quienes necesitan ayuda y quienes desean ofrecerla. No importa dónde vivamos: siempre podemos aportar algo, ya sea tiempo, recursos, información, acompañamiento o simplemente una palabra de esperanza.

 

Desde BienHallados, nuestra solidaridad con Venezuela, Colombia, Ecuador, España y Japón. Nuestras raíces no desaparecen cuando emigramos; se transforman en puentes que nos permiten acercarnos a otras personas y otras culturas.

 

Porque ser inmigrante también significa saber tender la mano.

 

Porque emigrar no significa olvidar nuestras raíces. Significa llevarlas con nosotros y convertirlas en puentes de encuentro.

 

Hoy, ante el dolor causado por los terremotos, queremos recordar una verdad sencilla pero poderosa: cuando la humanidad se une para ayudar, las fronteras desaparecen. Porque cuando la solidaridad se hace presente, la esperanza vuelve a levantarse.



Marlenis Castellanos




Foto: Philip Justin Mamelic

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