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La huella emocional de tu país

18 ago
2 min de lectura


Adriana Agudo Vicci.

Especial de grupocieg.org



¿Alguna vez te han preguntado por qué sigues pendiente de lo que ocurre en tu país?

 

Tengo una respuesta para esa pregunta y quiero compartirla contigo. Después, me gustaría que nos contaras si también es la tuya.

 

Más allá de razones evidentes, como que tus familiares permanezcan allí —una circunstancia que no afecta a todas las personas por igual—, o de que el ambiente caribeño, sus paisajes, sus olores y su clima hayan quedado grabados para siempre en tu memoria, existe otra causa más profunda. Es una causa que forma parte de tu identidad, de quien eres, de quien fuiste y de quien seguirás siendo.

 

Te invito a mirar desde otra perspectiva las razones por las que no puedes separar tus pensamientos y emociones del país que te vio crecer.

 

Antes de continuar, regálate un instante para recordar. ¿En qué lugar fuiste al colegio? ¿Dónde viviste tu adolescencia? ¿Dónde tuviste a tu primer amor —o a tus primeros amores—? ¿En qué país te graduaste de la universidad, tuviste tu primer trabajo, te casaste y, quizá, nacieron tus hijos? ¿Dónde disfrutaste del cariño de tus padres y de tus abuelos?

 

¿En qué país experimentaste tus emociones más intensas? ¿Dónde sufriste, caíste y volviste a levantarte?

 


Tus momentos vitales están vinculados a tus emociones

 


Es posible que la respuesta sea la misma para todas esas preguntas o, al menos, para la mayoría: en tu país de origen.

 

La explicación a nuestra pregunta inicial está precisamente ahí. Los acontecimientos más importantes de tu vida estuvieron acompañados por una o varias emociones que, junto con tus creencias y valores, moldearon la persona que eres hoy.

 

Vivir en otro país puede convertirse en una auténtica montaña rusa emocional: aparecen miedos, inseguridades, frustraciones, enfados, alegrías y éxitos. Sin embargo, todas esas experiencias se construyen sobre una base previa: la historia personal que te ha convertido en quien eres.

 

Tus emociones, tanto las pasadas como las presentes, dejan una huella profunda. Son un anclaje emocional, una marca que permanece en la memoria. Cuando un acontecimiento tiene un significado especial para ti, las emociones actúan como un pegamento que fortalece ese recuerdo y hace que perdure con el paso del tiempo.

 

Haz el ejercicio de recordar y comprobarás que lo que permanece en tu memoria no es solo el hecho de haber tenido un primer amor, de haber acompañado a tus padres al médico, de haberte graduado o de haber sostenido a tu hijo por primera vez. Lo que realmente permanece es la emoción con la que viviste cada uno de esos momentos. Esa emoción —agradable o dolorosa— es la que mantiene vivo el recuerdo.

 

Por eso el corazón se acelera cuando escuchas determinadas melodías. Por eso, aunque hayas decidido tomar distancia, hay acontecimientos relacionados con tu país que todavía consiguen emocionarte, entristecerte, indignarte o llenarte de ilusión. No es únicamente un recuerdo. Es la huella emocional de la vida que construyó una parte esencial de quién eres.





El contenido de los artículos de BienEstar allá donde vayas, son meramente orientativos. Siempre recomendaremos el asesoramiento directo y personal con un profesional en el área.




Foto: Bryan López Ornelas

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