Hay momentos que dividen la vida en un antes y un después
- 3 jul
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Adriana Agudo Vicci.
Venezuela es un país que vive en una montaña rusa desde hace tres décadas y que hace casi treinta años vivió la agonía de un deslave que arrastró pueblos en un caudal de lodo y escombros, como consecuencia de una inundación sin precedentes. Todavía no hay cifras exactas sobre aquel suceso, aunque se estiman casi 30.000 muertos, unos 10.000 desaparecidos, unos 80.000 damnificados y una importante cifra de niños rescatados que las circunstancias provocaron que perdieran la conexión con sus padres.
Diciembre de 1999 en La Guaira
Nunca se vio tal despliegue de voluntarios que sortearon los derrumbes para salvar vidas. Fueron los vecinos, personas comunes, gente como tú y como yo. Día tras día. Que incluso en medio de un escenario de muerte y desolación, encontraron palabras de aliento y cercanía.
Hoy estamos viendo otras caras con la misma esencia: generosidad, empatía. Y hasta esa sonrisa que en medio del dolor logra sostener el ánimo en una experiencia inimaginable de consecuencias devastadoras: dos terremotos consecutivos de una magnitud de 7,2 y 7,5. Con un único precedente: 1812.
Con una diferencia, no están solos: hasta el momento, trece países en un gesto invalorable se han unido para colaborar en el rescate.
Y tú, ¿qué pasa contigo?
¿Qué pasa ahora, después de una semana?
En medio de ese caos que es ahora tu vida, es posible que no puedas dormir, que el llanto no te abandone, que mantengas una extraña sensación de que algo terrible pasará, taquicardias, sensación de ahogo, te cuesta concentrarte, responder con claridad o comprender instrucciones sencillas. Todo es causado por un agotamiento físico y mental sostenido durante días.
Tu mente está en shock: todo puede sentirse irreal, sin explicación, sin que todavía encaje.
Por lo pronto, puede ser suficiente cubrir tus necesidades básicas y mantenerte cerca de alguien de confianza. Permite que te cuiden y que te acompañen, mantener el contacto con tu familia y amigos. Crea con la respiración momentos de calma para tomar algunas decisiones. Y busca apoyo profesional.
También es muy difícil para aquellos que acompañan.
Si quieres brindarle compañía a quien está experimentando lo más difícil de esta circunstancia, lo fundamental es la presencia, no las palabras. Escuchar sin corregir, sin minimizar. Acompañar es sostener el silencio, respetar el ritmo del otro y ayudar en lo concreto: comida, trámites, descanso.
Llevo tu luz y tu aroma en mi piel y el cuatro en el corazón…
Foto: Renan Braz




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